Personajes
BIOGRAFÍA DE PERSONAJES DE ZAFRA
Garci Laso de la Vega. †(1422?-1456).
Hijo de los primeros Señores de Feria, don Gomes I y doña Elvira Laso, vino al mundo en Zafra en torno al año 1422. Era uno más de los numerosos hijos que tuvo el matrimonio. Asistió como testigo a la bendición del espacio del espacio donde se levantaría el convento de Santa Clara, en el año 1430. La quebradiza salud de sus primeros años no fue un obstáculo para su afición al ejercicio ecuestre y por consiguiente a las armas, entrando como escudero de don Rodrigo Manrique, su pariente. En 1434, se encuentra formando parte de las huestes de don Rodrigo en la toma de Huéscar ; toma que supuso para Garci el ser armado caballero de Santiago. Consecuencia de una continuada labor militar, fue la concesión de la Encomienda de Montizón.
Casado, posiblemente, hacia 1445-1450 con Aldonza de Aguilar, tuvieron un hijo al que nombraron igual que al padre, García Laso. Matrimonio y niño que apenas disfrutarán de la presencia del progenitor, a causa de su temprana muerte. Fallecimiento que tendrá lugar, un día del año 1456, cuando se encuentra en una escaramuza sin apenas trascendencia en la Hoya de Baza, cuando un ballestero que le dispara una flecha venenosa, la que se le clava en la garganta produciéndole la muerte entre horribles estertores. Muerte que contrasta con l actitud del monarca, que se recrea en la contemplación de su agonía. Trasladado al convento de Santa Clara, allí reposa; testimonio de ello es la estatua sepulcral a la que acompañan una composición poética de singular belleza.
Hernando de Zafra. (1450-¿1517?).
Estudió en la Universidad de Salamanca Sagrada Teología y Leyes, ejerciendo de jurisconsulto en Madrid. Su amigo, Juan Rodríguez de Fonseca, Obispo de Badajoz, la presentó a los Reyes Católicos, quienes le confirieron el cargo de Secretario. Asistió a la toma de Granada el año 1491, tratando y firmando con Gonzalo de Córdoba el 25 de noviembre de ese año las proposiciones convenidas con los representantes de Boabdil para la capitulación de la ciudad. Perteneció al Consejo de Guerra, y los Reyes Católicos le nombraron señor de la villa de Castril, en el reino de Valencia. Falleciendo, posiblemente, en el año 1517.
Gregorio Silvestre. ( 1520-1569).
Poeta y músico, pasó su juventud en Zafra al lado del Conde de Feria. Su padre fue médico de la Infanta Isabel de Portugal y aficionado a las letras. Vivió alternativamente entre Lisboa y Zafra, hasta que entró al servicio de Carlos I.
El ambiente literario donde se desenvolvió el joven Gregorio, en el alcázar de los condes de Feria, era muy favorable para las actividades poéticas. Allí convivía con García Sánchez de Badajoz, que junto a la influencia y lecturas de Torres Naharro y Cristobla de Castillejo configuran la formación básica de Gregorio Silvestre.
Su actividad fundamental no fue la literatura, sino la música. Su profesión de organista hizo que se trasladara a Granada, donde adquirió importancia como músico y pudo conocer y cultivar el espíritu renacentista que existía en la ciudad. Mantuvo relación con Jorge de Montemayor y Luis Barahona de Soto. El tema fundamental utilizado en sus obras es el amoroso. Así, Residencia de amor es una obra en la línea de los Infiernos de amor de otros muchos escritores del siglo XV.
Tampoco faltan poemas de talante filosófico, de temática angustiada. Otras obras que pueden citarse son: Flores de Poetas, Fábula de Narciso y Elegía de la muerte de doña María. Desde del punto de vista formal su producción resulta muy variada: glosas, sátiras, canciones de enamorado, poemas eruditos, etc., constituyen su obra que se mueve entre las corrientes tradicional e italianizante. En su madurez se inclina por las formas petrarquistas, aunque continua fiel a la temática tradicional castellana. Fue autor de una afortunada glosa sobre las Coplas de Jorge Manrique.
Ruy López de Segura. (1530-?).
Clérigo y autor del Libro de la invención liberal del juego del ajedrez. Los padres eran mercaderes acomodados, con casa y escudo en la Plaza Grande.
Fue clérigo de la parroquia de la Candelaria y más tarde pasó a la corte de Felipe II, en condición de confesor y consejero real. Allí se dio a conocer literariamente con alguna obra sobre numismática de la que sólo se conservan referencias en alguna nota suelta de archivos. En 1563 publicó en Lisboa una obra en latín dedicada al rey Sebastián de Portugal: Grammaticae Institutions.
Pero lo que le hizo verdaderamente conocido fue el tratado de ajedrez, escrito en 1561, que fue objeto de traducciones de toda Europa. De 1584 data la traducción al italiano publicada por Giovanni Domenico Tarsia en Venecia. En 1609 apareció la primera versión francesa a la que siguieron otras varias. En 1647 fray Antonio das Neves lo tradujo al portugués, versión de la que se conserva el manuscrito original en la Biblioteca Nacional de Lisboa. En el año 1570 se embarca para Perú.
El rey Felipe II, aficionado al ajedrez, llamó a la corte al clérigo, lo nombró confesor y consejero y organizó en 1575 un torneo con la participación de Escovara y Ruy López, por parte española, y los italianos Paolo Boi, Il Siracusano y Giovanni Leonardo da Cutro, Il Putino. En la partida final Ruy López venció a Giovanni Leonardo, proclamándose campeón y recibiendo toda suerte de honores de la mano real.
El tratado de ajedrez del zafrense ha sido objeto de numerosos estudios y se ha considerado como base fundamental de la teoría ajedrecística. Su apertura española o juego de salto de Ruy López sigue vigente aún y ha sido analizado y puesto a prueba en la práctica del ajedrez moderno. Básicamente la apertura española consiste en que las blancas inicien el juego adelantando dos pasos el peón de rey y las negras repliquen con el mismo movimiento. En la segunda jugada, las blancas mueven el caballo de rey a la columna del alfil y las negras hacen la jugada idéntica. En la tercera jugada, donde radica la base de sta apertura, las blancas llevan su alfil a la quinta casilla del caballo de reina con una idea estratégica de ataque.
Pedrarias de Almesto. (1536-1572).
Vino al mundo en el seno de una familia cuyas cabezas eran Rodrigo de Bundián e Inés Hernández. Era el primero de tres hermanos. El hogar familiar se hallaba situado en la calle de Sevilla. El padre se dedicó a la actividad mercantil, el cual una vez falleció su madre alquiló las tiendas para obtener una renta con la que sustentarse. Sus buenas relaciones familiares con miembros de la administración de la Casa de Feria, le facilitó el contacto con un mundo cultural en efervescencia, pero sus miras estaban puestas en la otra orilla del Atlántico.
Hacia las Indias, en concreto al Perú, se embarcó en 1552-1553, seguramente con cartas de presentación que le permitirían entrar al poco tiempo al servicio del general Pablo de Meneses. En su campañía conocería a Pedro de Ursúa, en 1558. Este encuentro derivó en franca amistad y asistió como testigo privilegiado a la elaboración de la expedición a Eldorado, aspiración de Ursúa. Expedición que se pondrá en marcha el 26 de septiembre de 1560, con negros augurios. Su fidelidad a la corona, le puso en serios aprietos y salvó milagrosamente la vida en varias ocasiones a manos de Lope de Aguirre. El final de la expedición tiene lugar en Barquisimeto, el 27 de octubre de 1561, cuando varios arcabuzazos acaban con la pesadilla de Aguirre.
Pedrarias marcha al Reino de Nueva Granada, donde será localizado por el fiscal de la Audiencia de Santa Fe, en septiembre de 1562, para que se presente en el juicio que va a juzgar los acontecimientos ocurridos durante la expedición. Absuelto y sin cargos, decide solicitar licencia para pasar a España, pero el viaje no llega a realizarlo.
El destino, sonriente al principio, se le mostró esquivo desde que se vio envuelto en la empresa de Eldorado. Pedrarias deambula a la búsqueda de un beneficio, pero lo único que encontrará será la muerte, de forma violenta, un día del año 1572, a manos de Pedro Martín, el yerno de ésta y un esclavo, en la población de la Villeta, cerca de Asunción (Paraguay).
Pedro de Valencia. (1555-1620).
Pasó Pedro de Valencia los primeros años de vida en su villa natal hasta que la familia se trasladó a Córdoba, donde estudió Arte y algo de Teología en el colegio de la Compañía. A pesar de sus intenciones de cursar estudios eclesiásticos, fue enviado por la familia a Salamanca para formarse para formarse como jurista.
Lo más destacable de sus años de estudiante es el interés que mostró por los estudios teológicos y por aprender lenguas bíblicas, así como la fama de lector incansable que tuvo. De su estancia en Salamanca surge su relación con el Brocense y de manera indirecta su conocimiento y amistad con el que sería su maestro más admirado, Arias Montano.
Tras sus años de estudiante regresó a Zafra dedicándose al ejercicio gratuito de su profesión y al estudio de autores clásicos y de los textos bíblicos. Alternó en esta época la residencia en Zafra con temporadas junto a Arias Montano, a quien servía como colaborador y amanuense, en la Peña de Aracena y Sevilla. En 1587 se casó con su prima Inés de Ballesteros con quien tuvo una descendencia numerosa, destacando entre sus hijos, Melchor, que fue Catedrático en Salamanca, y sucedió a su padre como cronista del reino. La familia llevó siempre una vida tranquilla, con bastantes apuros económicos hasta que se trasladaron a Madrid para ocupar Pedro de Valencia el puesto de cronista de Felipe III.
El talante de Valencia es el propio de un humanista, penetrado por el espíritu erasmista que se extendió por los ámbitos más cultos e inteligentes de la época, con una considerable dosis de escepticismo que le permite la mirada crítica hacia todo lo que le rodea y que convierte esta mirada en un estudio responsable e inteligente. Se trata de alguien respetado y escuchado por los hombres más importantes del momento, de un creyente que es capaz de mantener su fe sin entrar en conflicto con las evidencias que la razón le trae ante sí y, lo que es más importante, sin caer en las muy activas manos del Santo Oficio.
Dos de los textos más importantes de Pedro de Valencia son el Discurso sobre el precio del trigo y el Discurso acerca de la moneda de vellón. Ambas obras critican las nefastas consecuencias que las sucesivas alteraciones provocan en la gente más pobre.
De ideas prefisiocráticas, basa la riqueza de un país en el desarrollo de la agricultura. Ataca de frente el problema de aquellos que no quieren trabajar, como lo demuestra el Discurso contra la ociosidad.
No se trata de un pensador servil a los intereses de los más poderosos; siempre se pone del lado de la razón y es capaz de proponer un reparto de tierras al mismo tiempo que critica la ociosidad de la mayoría o sale en defensa de la razón y de la cordura ante la Inquisición.
Mención especial merece uno de los primeros textos que escribió el humanista y que concitó en aquellos siglos, e incluso posteriormente, la admiración de los más importantes pensadores. Se trata de su principal obra filosófica, su tratado sobre la verdad, Academica sive de iudicio erga verum. Consituye uno de los primeros y más importantes estudios históricos que de la filosofía se han realizado en la modernidad por su precisión crítica y metodológica así como por su gran respeto y conocimiento directo de las fuentes.
La relación de sus obras sería larga, por lo que sólo señalaremos algunas: Discurso acerca de las brujas y cosas tocantes a la magia; De las enfermedades de los niños; Discurso sobre el pergamino y láminas de Granada; Discurso sobre el adecentamiento de la labor de la tierra...
Hernando Machado. (1557-1630).
Formaba parte de la saga de los Machado asentados en la localidad. Consta que tanto sus padres como sus abuelos eran cristianos viejos, limpios, descendientes de gente honrada, rica y principal. Su familia, además de la notable posición económica que denota el testamento del padre, parece que gozaba de cierta reconocida nobleza.
Concluidos sus estudios iniciales, Hernando pasaría a cursas Leyes en Salamanca, en cuyas aulas coincidió con Pedro de Valencia en los años centrales de la década de los detenta. Una vez finalizados los estudios se instaló en Zafra, donde contrajo matrimonio con Ana Núñez de Chaves.
Tras unos años de permanencia en su villa natal, hasta que en 1591 se embarcó para Indias, al virreinato de Perú. El motivo de su marcha se debe a su nombramiento como Relator de la Audiencia de Quito, en 1589. El motivo de su marcha se debe a su nombramiento como Relator de la Audiencia de Quito, en 1589. Allí desarrollaría una labor que fue alabada de forma casi unánime, por lo que siempre hubo interés en que se mantuviese en aquella Audiencia. Sin embargo, fue nombrado fiscal de la Audiencia de Chile en 1607, a donde llegaría en 1610 y permanecería en este puesto hasta 1620, en que alcanzó el cargo de oidor. En este destino permanecería hasta su muerte. Su estancia en Chile le llevó a conocer las dificultades que en aquellos tiempos padecía esta zona de las Indias, a este periodo corresponde su obra Memorial sobre la guerra de Chile (1621).
Cristóbal de Mesa. (1564-1633).
Fue un militar que se sintió atraído por la literatura, en concreto la poesía, de hecho aprovechaba cualquier momento para componer, incluso en los momentos que le dejaban libre las batallas en las que se encontraba inmerso. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares y Jurisprudencia en Salamanca, sin llegar a finalizarla; pasando posteriormente a Sevilla donde coincidió con Fernando de Herrera, Pacheco, Soto y el gran maestro Medina. Ordenado sacerdote, marchó a Roma, donde permaneció cinco años, adquiriendo una amistad íntima con el inmortal Torcuato Tasso, y siguiendo a la escuela italiana en la poesía española. Vuelto a España, se instaló en Madrid. En el año 1594, publicó su poema heroico "Las Navas de Tolosa", mereciendo de Lope de Vega el calificativo de Trípode de las gracias y las musa. En 1607, sale a la luz el poema "Restauración de España", dedicado al monarca Felipe III. Cuatro años después publica el ensayo titulado "El Patrón de España en el Nuevo Mundo". En el año 1615, procede a la traducción de varias obras griegas: "La Eneída", "La Iliada"... que no llegó a ver publicadas. A pesar de sus dotes poéticas, debió de entrar al servicio de los grandes de la Corte para poder mantenerse, uno de los cuales, el duque de Béjar, se lo llevó a la citada población. Falleció poco después de 1630.
Lorenzo Ramírez de Prado. (1583-1658).
Perteneciente a una familia de ingenios, de dudosísima moralidad algunos, pero de positivo talento todos, en expresión de Entrambasaguas, fue una figura relevante en el mundo de las letras y la política durante el reinado de Felipe IV. Su padre, Alonso Ramírez, hacendista de Felipe II y Felipe III, gozó de enorme poder, hasta caer en desgracia acusado de malversar el tesoro público, según Góngora canto en sarcásticos sonetos. Notoriedad alcanzarían también otros hermanos de Lorenzo y pariente suya era la escritora Catalina Clara Ramírez de Guzmán. Su padrino fue Pedro de Valencia.
Estudió en Salamanca con maestros venerables, entre los que siempre recordaba con elogio al Brocense. Muy joven, y dando muestras de poseer ya sólidos conocimientos humanísticos, escribe Pentecontarcos (Amberes, 1612), donde comentaba a Marcial. La obra concitó fuertes ataques, especialmente de los jesuitas. Para refutarlos, compuso un folleto, Typpographus Lectori (Madrid, 1612), que imprime sin las oportunas licencias. Le costó un desagradable proceso.
Conoció bien los entresijos de la justicia española. Por una parte, lucha denodadamente para levantar los cargos contra su padre. Por otra, se empeña en pertenecer al Santo Oficio y lo consigue, pese a la oposición de los Inquisidores de Llerena, que legaron a negarle limpieza de sangre, haciéndolo descendiente de judíos. Lorenzo desempeñó también importantes funciones políticas, aunque fue abandonándolas paulatinamente para centrarse mejor en sus aficiones literarias.
Casado con Lorenza de Cárdenas, reunió una impresionante biblioteca, mantuvo estrechas relaciones con la intelectualidad de la época, fue mecenas de sabios, famoso por los neologismos que inventaba y apasionado bibliófilo.
García de Silva. (1550-1624).
Estudió leyes en la Universidad salmantina, y dedicado, poco después de terminar su carrera de jurisconsulto, a la política, llegó a ocupar puestos de verdadera importancia, como fue, entre otros, el de Gobernador de Badajoz. Hombre autoritario pero de indudable capacidad política, fue corregidor y justicia mayor de Jaén y Andujar. Entre otras disposiciones, tomaría la de frenar los excesos que los jueces venían cometiendo allí contra los morisco.
Más tarde prestó sus servicios en la Secretaría de Estado, elevándose a la altura de los más insignes diplomáticos. Desempeñó la Embajada de España en Persia, comisionado por Felipe III, en 1614; se buscaba convencer al sha Abbas para que tomase medidas contra los turcos a favor de los intereses occidentales y, en especial, de los hispanolusos. Dejó manuscritos unos valiosos Comentarios, donde recoge sus experiencias y ofrece noticias sobre aquellos lugares, entonces tan exóticos para los europeos. Cuando regresó, trajo una colección riquísima de objetos antiguos y de gran valor. Murió al desembarcar en Lisboa, dejando en su testamento una buena cantidad de dinero para reedificar la capilla del Cristo que sus padres construyeron en la iglesia del convento de San Benito de Zafra.
Vicente García de la Huerta. (1734-1787).
Dramaturgo y poeta, trabajó en la Biblioteca Real, como archivero del duque de Alba y fue académico de la Española, de la Historia y de San Fernando. Utilizó el seudónimo de Francisco Lelio Barriga.
Pasó diez años como preso político en la colonia de Orán, como consecuencia de unas coplas satíricas que escribió contra el conde de Aranda. En este cautiverio escribió su tragedia más famosa Raquel, obra dramática más importante del siglo XVIII español y que se atiene a las reglas dramáticas neoclásicas. A pesar de que García de la Huerta era un defensor de los principios neoclásicos, Raquel consta de tres actos y no de cinco -como marcaba la preceptiva-, los personajes están dotados de gran fuerza y pasión, aunque no sea para dar más importancia a la acción, por eso hay quien considera a la obra como protorromántica. Se estrenó en Barcelona en 1775 y en Madrid en 1778; su argumento es el trágico amor de una judía de Toledo por Alfonso VIII y el asesinato de la misma a manos de los vasallos del Rey.
Otras obras suyas Agamemnón vengado, Teatro español, Tragedias y Odas poéticas, Biblioteca militar española. Durante toda su vida estuvo envuelto en frecuentes polémicas y fue objeto de sátiras por parte de sus contemporáneos. Murió en Madrid.
Juan Justo García. (1752-1830).
Por satisfacer los deseos de sus padres, comenzó y terminó con notable aprovechamiento la carrera de sacerdote, estudiando también en Salamanca hasta llegar a doctorarse en Derecho. Ordenado de presbítero, se trasladó a Badajoz, donde enseñó ciencias elementales y Matemáticas, adquiriendo fama de profesor insigne. El año de 1774, es nombrado Catedrático de Álgebra en la Universidad de Salamanca por Carlos III; publicando en el año 1782 "Elementos de aritmética, álgebra y geometría". Su adscripción liberal le llevó a ser elegido Diputado a Cortes en 1820, lo que le valió el que Fernando VII le postergara hasta morir en la indigencia.
Francisco Javier Venegas de Saavedra y Rodríguez. (1754-1838).
El que fuera I Marqués de la Reunión de Nueva España, Gobernador y Capitán general de Galicia, vino al mundo en el año 1754. De familia hidalga, su afición a las armas le llevó a ingresar en el Regimiento de Murcia para a continuación servir en la plaza de Orán. De nuevo en la Península, paso a estudiar matemáticas en la Academia de Barcelona, aunque por poco tiempo, pues en junio de 1775, es llamado por su regimiento para marchar a Argel, donde resultó herido. Finalizada la campaña, continuó sus estudios. A partir de 1779, le encontramos en varios frentes iniciando así una carrera militar que le llevará a alcanzar el grado de Teniente Coronel en el año 1783 y el de Coronel en 1795. Cuando estalla la llamada "Guerra de las Naranjas", Carlos IV le nombró en 1801 Ayudante general para el ejército contra Portugal, cargo que no aceptó por su mal estado de salud. La invasión napoleónica le llevó a ponerse al frente de la provincia de Córdoba, con el cargo de Brigadier. Se halló presente en la batalla de Alcolea y Bailén, siendo herido en la de Uclés; enfrentamientos bélicos que le llevó a alcanzar el grado de Teniente General en al año 1810. Nombrado Gobernador de Cádiz en 1809, ciudad en la que se embarcaría al año siguiente para atender el cargo de Virrey de Santa Fe y posteriormente de Nueva España, donde tendría que hacer frente a las revueltas de Méjico. Vuelta a España en el año 1813, se le concedió el título de Marqués de la Reunión de Nueva España. Rechazó el cargo de Virrey, Gobernador y Capitán General de Perú en 1815; en cambio, si aceptó el de Gobernador y Capitán General de Galicia, en 1818. De nuevo en Madrid en 1820, permanecerá en ella hasta su muerte, en 1838; desde donde representará a Extremadura como Diputado a Cortes, durante los años 1834-1836.
Vicente Cervantes. (1755-1829).
Fue el discípulo predilecto de Casimiro Gómez Ortega en el Jardín Botánico de Madrid. Obtuvo el título de farmacéutico en 1784 e inició con gran éxito su carrera profesional como boticario mayor en el Hospital General madrileño. Su trayectoria biográfica experimentó un profundo cambio con motivo de la expedición, organizada a propuesta y bajo la dirección de Martín de Sessé, para estudiar la historia natural de Nueva España. Fue nombrado, en efecto, titular de la nueva Cátedra de Botánica en la Universidad de México (1787), fundada en relación con la citada empresa.
Desde 1787 hasta 1802, se consagró en la capital mexicana a la enseñanza, al nuevo Jardín Botánico allí instalado y a colaborar en las tareas científicas de la expedición. Cuando Sessé volvió a España en 1803, Cervantes permaneció allí. Regentó hasta el final de su vida la cátedra y el Jardín, además de dirigir, durante casi dos décadas, la botica del Hospital de San Andrés, en la que instaló un excelente laboratorio químico. Fue plenamente respetado por los dirigentes políticos del México independiente.
Cervantes realizó una notable labor de investigación de la flora mexicana, y describió por vez primera muchas especies. Mantuvo una estrecha relación científica con Antonio José Cavanilles al que envió numerosos materiales. También estuvo en conexión con Alexander von Humbolt y Aimé Bonpland, con los que trabó gran amistad durante la estancia de ambos en México. Entre sus abundantes discípulos, destaca José Mariano Mociño.
Sus principales obras son: Ensayo a la materia médica vegetal de México; Sobre el árbol llamado de las Mantas y Sobre la bipecacuana.
Juan Álvarez Guerra. (1770-1845).
Político, economista y agrónomo. Comenzó la carrera eclesiástica, recibiendo la primera tonsura antes de estudiar Leyes. Entre 1799 y 1804 tradujo y anotó el Curso completo o Diccionario Universal de Agricultura teórico-práctica y de Medina doméstica y Veterinaria (Madrid, Imprenta Real), obra monumental compuesta en Francia por una sociedad agronómica bajo la dirección del abate Rozier. Más tarde, la Junta de Comercio le encargó la redacción de una Memoria sobre las fábricas de curtidos y le cabe también la honra de haber sido el interlocutor en nuestro país de la taquigrafía, con la publicación de la Taquigrafía o método de escribir con la ligereza que se habla o se lee, inventado por el inglés Samuel Taylos: Adaptado a la lengua francesa por T.P. Bertín y acomodado al castellano por D: Juan Álvarez Guerra (Madrid, Imprenta Real, 1800).
Durante su juventud fue un destacado liberal, amigo de Quintana, con quien colaboró en el Semanario Patriótico, tomando luego parte activa en la Guerra de la Independencia. En 1813 propuso un Modo de extinguir la deuda pública, eximiendo a la nación de toda clase de contribuciones por espacio de diez años y ocurriendo (sic) al mismo tiempo a los gastos de la guerra y demás urgencias del Estado (Palma, Imprenta de Miguel Domingo, 1813), proyecto que mereció la atención de la Comisión de Hacienda de las Cortes y que constituye un precedente de la desamortización llevada a cabo, veintidós años después, por el Gobierno de Mendizábal. Dos años más tarde registraba en la Gazeta la invención de un trillo al que luego se le harían diversas modificaciones.
Diputado por Extremadura en las Cortes de 1820, presentó una importante proposición sobre las Sociedades Patrióticas que la Comisión dictaminadora recogió en un proyecto de ley limitando el protagonismo político de estos órganos del liberalismo exaltado. Como tantos otros antiguos doceañistas -fervientes defensores de la Consitución de Cádiz, 1812- evolucionó hacia el doctrinarismo, entrando en 1835 en el Gobierno presidido por el conde de Toreno y, en su calidad de ministro de Interior tuvo que hacer frente a los motines que estallaron ese año. Ocupó, asimismo, cargos de carácter técnico como la Dirección General de Correos o la presidencia -en 1842- de la Sociedad Económica Matritense. A su muerte dejaba escritos, por encargo de esta Corporación, diversos tratados agronómicos (El cultivo del arroz anegado y de secano o de monte, De los abonos, Observaciones sobre el cultivo de las viñas, Ms.), además de un Nuevo Diccionario de Agricultura (Madrid, Boix, 1842) y del interesante Proyecto de una Ley Agraria o Código rural publicado por acuerdo de la Sociedad Económica Matritense (Madrid, Imprenta de Miguel de Burgos, 1841).
Andrés Álvarez Guerra. (1775-?).
Coronel retirado y agrónomo. Durante la Guerra de la Independencia formó el batallón de Cazadores de Zafra, del que fue comandante hasta su destitución por "negligencia en el servicio", aunque -según cuenta él mismo- la causa real pudo ser su oposición al nombramiento en Extremadura de un "dictador militar" que gobernase la provincia.
Retirado del servicio se dedicó a la investigación agronómica, publicando sus descubrimientos en una serie de cuadernos aparecidos entre 1827 y 1831 con el título genérico de Inventos de Ceres (Badajoz, Imprenta de la Capitanía General).
José Álvarez Guerra. (1778-?).
Filósofo y moralista, hermano de Juan y Andrés, fue bisabuelo del poeta Antonio Machado.
Aprendió Lógica, Física y Metafísica en el colegio franciscano de su ciudad natal y más tarde cursó Leyes y Filosofía Moral en Salamanca. Requerido por su hermano Juan, marcha a Madrid para colaborar en la traducción del monumental Diccionario de Agricultura, de Rozier, y durante los cinco años que duró la edición estudió Matemáticas en San Fernando.
El 2 de mayo de 1808 participó en los enfrentamientos contra las tropas francesas que ensangretaron la Puerta del Sol, pero pudo huir a Zafra, donde auxilió a su hermano Andrés en la formación del Batallón de Cazadores de Zafra. En este cuerpo ostentó el grado de capitán hasta que fue destituido por un oscuro motivo, de transfondo político. Por sus conocimientos de Matemáticas y lenguas extranjeras ocupó un puesto en el Estado Mayor del Ejército, sirviendo a las órdenes de los generales Castaños, duque de Ahumada y conde de La Bisbal.
En 1814, destinado en Sevilla, constrajo matrimonio con doña Cipriana Durán, familia del célebre Agustín Durán, compilador de Romancero y miembro de la primera generación de románticos. Ese mismo año publicó unas Indicaciones político militares del estado de la nación española dirigidas a la oficialidad de los exércitos nacionales (Madrid, O.M. de B. 1814). Se trata de un manifiesto de ferviente constitucionalismo que se inscribe en el universo conceptual dieciochesco (soberanía nacional, progreso e ilustración), en el que todavía se movían los liberales de las Cortes de Cádiz. No obstante, algunas frases de estas Indicaciones parecen reflejar un prerromanticismo rousseauniano.
Terminada la Guerra de la Independencia, Fernando VII declaró abolido el cuerpo de Estado Mayor por su significado liberal, con lo que Álvarez Guerra causó baja en el servicio activo. Durante el Trienio Liberal, Argüelles le nombró jefe político de Salamanca (1820), Palencia (1821) y Cáceres (1822). En estos años dirigió una proclama A las Diputaciones Provinciales y jefes políticos de la Península (Valadolid, Imprenta de Roldán, 1821), y fue promotor del Semanario Patriótico de la provincia de Palencia, donde impulsó una Tertulia Patriótica y la celebración de actos de exaltado liberalismo.
Tras la reacción absolutista, tuvo que fijar su residencia en Francia en los años en que los círculos de exiliados liberales comenzaban a impregnarse del romanticismo centroeuropeo. A la muerte del monarca absoluto, volvió a ostentar cargos políticos y en 1836, tras renunciar al gobierno de una provincia, decidió dedicarse al cultivo de la filosofía.
Su obra principal, cuyo título completo es Unidad simbólica o destino del hombre en la tierra o filosofía de la razón, por un amigo del hombre. Obra dedicada a la infancia de Isabel II, apareció en volúmenes sucesivos (1836-1845). Las características del sistema filosófico de Álvarez Guerra son. Panteísmo, Monismo, Armonicismo y docta Ignorancia.
Ramón Sergio Hernández de Soto. (1845-1921).
Desde su juventud, en su pueblo natal y en Villafranca de los Barros, se interesó por la cultura tradicional. Aunque se desconocen muchos períodos de su biografía, se cree que entre 1880 y 1886 debió vivir en Sevilla, y relacionarse con folcloristas de la talla de Antonio Machado Álvarez "Demófilo" y de Luis Romero de Espinosa. Con este último tuvo una estrecha relación de amistad, como indica la dedicatoria de dos de las obras más importantes de Hernández de Soto, La Cruz de Mayo (1883) y Juegos infantiles de Extremadura (1884). A Machado dedicó el primer tomo de sus Cuentos populares extremeños (1886). Los otros cuatro volúmenes proyectados nunca llegaron a ver la luz. Hernández de Soto publicó, además, numeroso artículos y materiales folclóricos en las revistas El Folk-lore Frexnense y El Folk-lore Bético Extremeño, y en otras de España y de Italia.
Aunque sus trabajos apenas obtuvieron ningún reconocimiento en vida, y nunca dejó de ser un folclorista amateur, la extraordinaria calidad e interés de los materiales que recogió le han procurado un puesto de honor en el elenco de los grandes folcloristas españoles de finales del siglo XIX. Por otro lado, Hernández de Soto fue uno de los precursores del comparatismo folclórico en España, y muchos de sus análisis y comentarios de los documentos que recogió mantienen su vigencia y una gran calidad.
Luis de Oteyza. (1883-1964).
Se trasladó muy joven a Madrid donde cursó estudios inacabados de ingeniería y optó por dedicarse a labores literarias y periodísticas. Fue colaborador de los periódicos madrileños El Globo, La Nación y Madrid cómico, a la vez que publica tres poemarios: Flores de almendro, Brumas y Baladas. Como poeta, adopta la estética del romanticismo decadente sin grandes aciertos. Más tarde (1923), Manuel Machado prologaba sus Versos de los veinte años, muestra antológica. Es también autor de un conjunto de obras pertenecientes a lo que su máximo estudioso denomina "literatura de función práctica": En tal día... Efemérides históricas, Galería de obras famosas, Frases históricas, Animales célebres, El pícaro mundo, Los dioses que se fueron, Las mujeres en la Literatura, Picaresca puritana, López de Ayala o el figurón político literario y La Historia en anécdotas.
En Oviedo, donde ocupó una plaza en el Banco de España, se relacionó con Pérez de Ayala y dirigió El Matein. Trasladado a Barcelona, dirige allí El Liberal antes de afincarse en Madrid. Fundó y dirigió hasta 1925, La Libertad, en cuyas páginas colaboraron los más conspicuos intelectuales republicanos. Visitó Marruecos para conseguir la liberación de los soldados españoles, para ello consiguió entrevistarse con el caudillo Abd el Krim y obtener el primer reportaje periodístico sobre el mismo. Diputado varias veces en el Congreso, la II República lo nombró embajador en Caracas, donde permaneció exiliado tras el triunfo franquista. En Venezuela publicó Fichas de mi archivo, especie de memorias, y La Historia en anécdotas.
Pero la auténtica labor de Oteyza fueron los relatos de viaje y las novelas. Entre los primeros figuran Abd-el-Krim y los prisioneros, De España al Japón, En el remoto Cipango, Al Senegal en avión y El tapiz mágico. Entre las segundas, El diablo blanco, El tesoro de Cuauhtémoc, La Tierra es redonda, Anticípolis, Río revuelto, ¡Viva el Rey! y El hombre que tuvo harén.
Gallito de Zafra. (1893-
Ángel Navas, Gallito de Zafra, vino al mundo en el barrio de los Mártires. De familia humilde, su padre, José Navas Gómez, era herrero de profesión. Pronto parece sele despertó el duende del toreo, por lo que en cuanto pudo acudió a cuantas capeas le llamaron. Siendo el 1913, el año que se presenta antes sus paisanos, alternando con José Rodas. Actuará en los diez años siguientes, hasta sumar en el coso zafrense 17 actuaciones como novillero. En estos años su cartel en esta categoría va en aumento y son pocos los que consiguen sobrepasarlo.
Hasta 1920 no hace su presentación en Madrid, el 29 de agosto, matando novillos portugueses y alternando con el toledano Mariano Montes y el mejicano Miguel Gallardo. Aunque toreó bastante tanto de novillero como de matador, no fue ésta una buena plaza para él. Estas temporadas de 1921-1924, mantiene su buena línea actuando en buen número de festejos; debutando en plazas españolas de importancia como Barcelona, Salamanca, Bilbao y Valencia y en la francesa de Marsella.
En 1925, prepara su alternativa para el mes de agosto en Mérida, haciendo hasta esa fecha una buena campaña novilleril. Se decide la fecha del doctorado para el día 15, eligiéndose toros de la Sra. Vda. De Soler. En principio se cuenta para padrino de la ceremonia con el mejicano Luis Freg, pero al sufrir una cogida, es sustituido por el madrileño Antonio Márquez, siendo testigo del acto "Facultades". Al toro de la ceremonia le cortó las dos orejas y el rabo. Ese año estoqueó en la corrida de Zafra, con cuatro toros del Conde de la Corte, alternando mano a mano con Marcial Lalanda.
En los años siguientes intervienen en varias corridas, siendo cogido en Utiel en 1927. En 1930-1931, se marcha a América, destacando sus tardes en Colombia; tras lo cual decide su retirada.
Tenía condiciones artísticas, como lo demostró sobradamente en su época de novillero. Su valor también quedó demostrado en muchas ocasiones. Tenía la firme decisión de llegar a ser figura y puede decirse que en su primera época no pasó desapercibido por ese difícil mundo taurino.
Dulce Chacón. (1954).
Hija del poeta y exalcalde de Zafra, Antonio Chacón, publicó su primer libro de poesías en 1992: Querrán ponerle nombre, al que siguió, en 1993, Las palabras de la piedra y Contra el desprestigio de la altura, que obtuvo, en 1995, el premio de poesía "Ciudad de Irún". Su primera novela, Algún amor que no mate, fue presentada en Madrid, en febrero de 1996, por José Saramago.
Esta novela forma parte de una trilogía sobre la incomunicación en la pareja, junto con Blanca vuela mañana (1997) y Háblame, musa, de aquel varón (1998). En 1998 dio forma a la autobiografía novelada de la torera Cristina Sánchez, titulada Matadora, y colaboró como guionista en la serie de televisión Ellas son así, que comenzó a emitir Tele 5 en enero de 1999. También en 1998, en agosto, se estrenó en la sala Triángulo de Madrid su obra de teatro Segunda mano, con dirección de Ernesto Caballero. El 3 de marzo de 2000, Dulce Chacón ganó el Premio Azorín con la novela Cielos de barro, basada en los recuerdos de sus padres sobre la Extremadura de la Guerra Civil.
PERSONAJES QUE DESARROLLARON SU LABOR EN ZAFRA.
San Pedro de Alcántara. (1499-1562).
El que en sus años de vida secular se llamaba Juan Garavito Villela de Sanabria, cambió su nombre en 1516 con motivo de su profesió religiosa.El que fuera de una de las cumbres de la mística española, ejerció parte de su ministerio en el Monasterio de San Onofre de La Lapa, Zafra. Este centro era uno de los que había recibido el patrocinio de la Casa de Feria, con ello se esperaba crear un espacio religioso atractivo para aquellos que buscaban alejarse del mundanal ruido y acogerse a la serena armonía del entorno agreste que rodea al citado establecimiento religioso. Allí, Pedro ejerció funciones de guardián y otra serie de cargos para los que estaban destinados los moradores de los conventos; su vida trascurriría por otros cenobios de la orden franciscana, pero su estancia entre nosotros será recordada por que en ella compuso su famoso Tratado de la oración y meditación, en 1533.
El Tratado... considerado por bastantes tratadistas como un resumen del LIbro de Oración de fray Luis de Granada, es defendido por otros como original de San Pedro de Alcántara. El padre Arcángel Barrado Manzano es quien ha aportado más razones para defender la originalidad de la obra. Ya Santa Teresa afirmó que San Pedro de Alcántara "es autor de unos libros pequeños de oración, que ahora se tratan mucho, de romance". El cronista Juan Bautista Morales, en su Memorial, escribió que San Pedro de Alcántara "escribió un pequeño tratadito de ejercicios de oración, muy manual y provechoso, el cual tratado tomó entre manos el docto espiritual varón fray Luis de Granada, gran espejo de la Orden de Santo Domingo, y lo extendió". El Tratado de oración y meditación se estructura en dos partes. La primera dedicada a la oración y meditación, que consta de doce capítulos, entre los que destacan dos series de meditaciones para cada uno de los días de la semana: la primera serie sobre las verdades fundamentales de nuestra fe; la segunda serie sobre la pasión del Señor. Siguen los capítulos en los que explica que es oración, los medios que ayudan a alcanzarla, los obstáculos que se oponen, las tentaciones más comunes que sienten los que se dan a la oración y los remedios para vencerla. La segunda parte tiene seis capítulos y está dedicada a definir lo que es devoción.
Juan de Ávila. (1500-1561).
Sacerdote y escritor, nacido en Almodóvar del Campo (Cuenca). Sus predicaciones en tierras andaluzas le valieron el sobrenombre de "apóstol de Andalucía". Su amistad con los titulares de la Casa de Priego, en Córdoba, fue el motivo por el Conde de Feria, don Pedro, le invitó a que predicara en su Condado de Feria. Allí vino con los jóvenes esposos, donde se juntó con fray Luis de Granada. Predicó en la iglesia de Santa Catalina y cambió la forma de vida de los jóvenes esposos.
Escribió un Epistolario espiritual para todos los estados, Del conocimiento de sí mismo, Del Santísimo Sacramento y su obra maestra, el tratado de Audi Filia. Sus cartas son un modelo de naturalidad y sus sermones tienen una honda emoción religiosa. Su estilo es sencillo y limpio.
Fray Luis de Granada. (1504-1588).
Religioso, orador y escritor ascético, nacido en Granada. Hijo de una lavandera, halló protección en el Conde de Tendilla, que le nombró paje de sus hijos. En 1525 profesó en la Orden de Santo Domingo, en la que ocupó altos puestos. Ejerció su ministerio tanto en España como en Portugal, donde fue consejero del cardenal infante don Enrique y confesor de la reina viuda doña Catalina, mientras renunciaba a la mitra de Viseo y se negaba a ocupar la sede metropolitana de Braganza. Esa misma humildad le obligó a rechazar el capelo cardenalicio que le ofreciera Sixto V. Murió en Lisboa y fue enterrado en el convento de Santo Domingo.
En Zafra permaneció los años finales de 1540, en compañía de Juan de Ávila, donde ambos ejercieron su ministerio, traídos por el Conde de Feria. Esa compañía con Ávila, le permitió escribir Vida del maestro Juan de Ávila. Son varias las obras que escribió con carácter místico, así como, diversas traduciones, como la de Tomás de Kempis, Imitación de Cristo.
ZAFRA Y AMÉRICA
Aunque por regla general se suele identificar a Extremadura como "cuna de conquistadores", ello no equivale a que todas las poblaciones que conforman la región cuenten con su conquistador correspondiente. Es cierto, que la relación con América fue muy intensa, más de lo que hasta el momento se conoce, pero fue una relación no sólo basada en hechos de armas sino también en tráfico de ideas y mercancías, favoreciendo la comprensión y el enriquecimiento a ambos lados del océano.
Esa realidad es la que podemos aplicar para el caso de Zafra. Son escasos los zafrenses, por ahora, que descollaron en empresas heroicas, siendo los más destacados el Capitán Estudillo, compañero de los Pizarros y Alvarados; Gómez de Alvarado, compañero de Hernán Cortés, o Hernando de Santana, soldado audaz que fundó una ciudad, hacia 1550, en el Vallenúpar (Colombia). Es decir, fueron figuras secundarias.
Sin embargo, sino con las armas, sí con las letras y el pensamiento fue mayor la aportación de los zafrenses a la historia conjunta de Extremadura y América. En tan pocos lugares se da la coincidencia de contar con tres cronistas de Indias, como eran:
Juan Coles. Nacido a principios del siglo XVI, fue compañero de Hernando de Soto en la campaña de La Florida, fruto de la cual fue la redacción de la obra «Breve relación de la conquista de la Florida y de las hazañas de Hernando de Soto y sus sesenta compañeros». Obra que al parecer no llegó a imprimirse.
Pedrarias de Almesto. (1536-1572). Se embarcó hacia Perú en 1552-1553, donde conocería, en 1558, a Pedro de Ursúa con quien trabaría una fuerte amistad. Esta relación le permitió ser un testigo privilegiado de la elaboración de la expedición a Eldorado, de la que también formaría parte. Expedición que se pondrá en marcha el 26 de septiembre de 1560, con negros augurios. Su fidelidad a la corona, le puso en serios aprietos y salvó milagrosamente la vida en varias ocasiones a manos de Lope de Aguirre. El final de la expedición tiene lugar en Barquisimeto, el 27 de octubre de 1561, cuando varios arcabuzazos acaban con la pesadilla de Aguirre. Pedrarias marcha al Reino de Nueva Granada, donde será localizado por el fiscal de la Audiencia de Santa Fe, en septiembre de 1562, para que se presente en el juicio que va a juzgar los acontecimientos ocurridos durante la expedición. Para su defensa redactara un testimonio de la expedición en la que cuenta su versión de los hechos. Absuelto y sin cargos, decide solicitar licencia para pasar a España, pero el viaje no llega a realizarlo. Años más tarde, no tendrá la misma suerte, al encontrar la muerte un día de 1572 a manos de Pedro Martín, el yerno de ésta y un esclavo, en la población de la Villeta, cerca de Asunción (Paraguay).
Pedro de Valencia. (1555-1620). Alumno de la Universidad de Salamanca, destacó en los estudios teológicos y el aprendizaje de lenguas bíblicas. Fraguó una intensa relación con el Brocense y Arias Montano. Su importante labor como humanista se vio recompensada como cronista de Felipe III en 1607. Prolífico escritor, abarcó los más diversos campos de la realidad de entonces. Como no podía ser de otra forma, también se interesó por las Indias, fruto de lo cual fueron sus «Relaciones de Indias».
También jugaron un papel importante en el campo legislativo, siendo el personaje más destacado Hernando Machado (1557-1630). Cursó Leyes en Salamanca, en donde coincidió con Pedro de Valencia. En 1591, se embarcó para el virreinato de Perú, al ser nombrado Relator de la Audiencia de Quito. Con posterioridad, en 1607, fue nombrado fiscal de la Audiencia de Chile, donde permanecería hasta su muerte en 1621, el mismo año que aparece su «Memorial sobre la guerra de Chile».
Por último, destacar de un ilustrado zafrense Vicente Cervantes. (1755-1829). Discípulo predilecto de Casimiro Gómez Ortega en el Jardín Botánico de Madrid. Su trayectoria biográfica experimentó un profundo cambio con motivo de la expedición, organizada a propuesta y bajo la dirección de Martín de Sessé, para estudiar la historia natural de Nueva España. Fue nombrado, en efecto, titular de la nueva Cátedra de Botánica en la Universidad de México (1787), fundada en relación con la citada empresa. Desde 1787 hasta 1802, se consagró en la capital mexicana a la enseñanza, al nuevo Jardín Botánico allí instalado y a colaborar en las tareas científicas de la expedición. Mantuvo una estrecha relación científica con Antonio José Cavanilles al que envió numerosos materiales. También estuvo en conexión con Alexander von Humbolt y Aimé Bonpland, con los que trabó gran amistad durante la estancia de ambos en México. Entre sus abundantes discípulos, destaca José Mariano Mociño.
En fin, una realidad que rompe con numerosos tópicos y por la que cada día luchamos por dar a conocer.
Juan Carlos Rubio Masa
José María Moreno González




